EL CARÁCTER DE LA PROGRAMACIÓN CULTURAL
Por: Vasily M. P.
En un encuentro de trabajo con la presidencia de la AHS en Ciego de Ávila, el viceministro de Cultura, Fernando Rojas dijo una frase que, a mi juicio, significa mucho más de lo que en realidad está significando. Frase que es la piedra angular de estas palabras que en su suma hacen un artículo, tal vez publicable, y que espero sea polémico.
Todos sabemos del vínculo de Fernando Rojas con la AHS, y su compromiso irreductible con aquella manifestación revolucionaria y auténtica dentro de, y por la, cultura. Cada discurso suyo no es solo la inmediatez de la política cultural, sino, además, su más sentida reflexión de lo que el propio Fernando siente y padece en materia artística y cultural. Por eso la frase que origina este comentario me encendió de momento la musa llevándome a escribir de un golpe esto que ahora ustedes leen.
La frase en cuestión no es siquiera original, ni es un ejemplar para diccionarios o libretas de reflexiones célebres, pero lo que sí es cierto es que logró motivar mi intelecto, espero que las suyas también, y, mientras Fernando Rojas discursaba asuntos de trabajo, yo ya estaba repitiéndome una y vez esta frase, hasta que salió el cuerpo total del artículo: «…la necesaria caracterización de la programación».
Pienso que cuando Fernando habla de «caracterizar», sin deseo de convertirme en un vocero de sus ideas o en un traductor de sus palabras, se refiere con toda intención en ese significado psicológico y social de Carácter, que es una suerte de sinónimo de Personalidad.
Cuando decimos que alguien tiene Carácter, nos referimos a que tiene un tipo de respuesta emocional para cada estímulo o situación social o de vida. Y esta respuesta tiene un cierto nivel en correspondencia a lo vivido, a lo genético, y a lo psicológico de cada ser.
Este carácter es lo que identifica a cada ser humano, pues como la personalidad misma, es único y de él dependen nuestros logros, nuestro desenvolvimiento social; el verdadero cumplimiento del rol de ciudadanos que transforman su entorno. Nadie responde igual ni en el mismo nivel a cada situación de la vida. Y esa diferencia, también, nos hace cómplices o enemigos que defendemos o atacamos un poco de lo propio de cada cual.
Ah, porque el carácter también viene a ser esa especie de reflejo de lo que somos. Porque nos proyectamos, además, en cada acto de nuestras vidas, al solucionar los problemas diarios o al tratar de suplir las necesidades.
Por eso, cuando Fernando Rojas habla de «caracterizar la programación» se está refiriendo a que los hombres y mujeres de una institución cultural —en este caso— que se dedican a construir la programación o el conjunto de acciones culturales inmediatas, debería tener en cuenta para quién está haciendo una programación y desde qué institución. Claro que esto lleva también una demanda intelectual por parte del programador. Esto conlleva a una pequeña investigación para adueñarse del conocimiento necesario no sólo de los factores que originaron la demanda de esa comunidad sino, también, del verdadero papel de la institución que representa.
O lo que es lo mismo, no todos pueden ser programadores o promotores.
Por lo tanto, caracterizar significaría esa suerte de personalización de la programación. Es proyectar el rol institucional en el producto que oferta a la comunidad. Sin distanciarse ni desconocer, aportando y a la vez retroalimentándose. Porque las actividades culturales no deben ser un conjunto frío de acciones encaminadas a nada, sino a difundir identidades, rescatar identidades y salvaguardar identidades.
A nadie se le ocurriría —sé que hay ejemplos de lo contrario— hacer una peña de jazz en una comunidad que consume música campesina y donde siquiera hay un par de músicos estudiantes, jóvenes, o consumidores de ese estilo musical. Porque el barbarismo no es sólo de proyectar algo que no se consume, sino de irrespetar el entorno social y de correr el riesgo de sembrar adeptos enemigos del jazz que en realidad es una forma musical de calidad y alto contenido artístico.
De cualquier forma, caracterizar la programación de una Casa del Joven Creador, de la UNEAC, de casas de cultura, etc., es ponerle el sello de esos lugares, es destacar su importancia y sobre todo valorar lo que desde esos sitios se genera con su mismo lenguaje y en su mismo tono. Caracterizar una programación cultural es que cuando leamos su contenido estemos viendo sentidos y formas de ser muy bien definidas.
Los grupos urbanos, por ejemplo, son excelentes manifestaciones sociales bien caracterizadas y de fácil identificación. A nadie se le ocurra ahora convertir la Casa del Joven Creador de la AHS en un grupo urbano, pero no estaría mal. Creo que por ahí está la cosa, como diría Fernando Rojas. Al pan, pan, y al vino, vino.
- La UNEAC Y LA POLÍTICA DE CUADROS EN EL SECTOR DE LA CULTURA
- INAUGURADO EL IX SALÓN DE INVIERNO 2015 EN EL MUNICIPIO DE MORÓN






