UNA EXPOSICIÓN EN MINIATURA A LO GRANDE

Por: Vasily M. P.

 

 

Con estupor, con agrado, con mi niña en los brazos y atento a que no agarrase ninguno de los cuadros, visito la galería Raúl Martínez en la inauguración de la expo colectiva HOMENAJES y doy las gracias a los organizadores por esta feliz idea.

Estoy ante más de 155 miniaturas bidimensionales y algunas tallas que, a mi juicio, no estarán a tono con el resto de la muestra, pero no entorpecen el curso de la visita, están ahí, simplemente. Me llama la atención la estructura sobre la cual descansa la curaduría. Con un sentido horizontal, simulando un diseño que por momentos se me antoja espinazo de pez, y por otros, caprichos de la naturaleza, la disposición de los lienzos provee de una solidez que, visto en la distancia, hace más orgánica e interesante la exposición.

Y en los momentos en que los cuadros, digamos trípticos y otros que por autor o temática se agrupan, ameritan una verticalidad para su mejor visualización, entonces se crea una dialéctica que consigue llamar nuestra atención.

Sentido horizontal, de izquierda a derecha; verticalidad, de arriba hacia abajo; distribuciones orgánicas que simulan la realidad, nuestra realidad. Así se alcanza, amén de que se pudo distribuir también de otras maneras, que el acto expositivo no sea monótono ni tienda a la repetición. Nadie ha de ignorar que en la curaduría la disposición de las obras es tan importante como la obra misma. Con ello se crea un cuerpo estético que puede, por lo mismo, ser fuerte y constructivo, débil y apoteósico.

También es mérito en esta muestra las temáticas o los contenidos abordados por los cuarentaytantos autores de siete provincias. Así tenemos el amor o desamor por el paisaje en su universalidad, el culto a los íconos de nuestra historia, el amor, la muerte, entre otros. Temas que nos tocan a los humanos y que, entre tantos otros también presentes, nos permite ver cada obra con interés y una cierta dosis de motivación.

Así, también, estamos ante la idiosincrasias de estos pobladores que custodian, como guardianes fieles, las tradiciones que le son propias y que tienen un sello auténtico, regional, local, como se le quiera llamar.

Podrán ser pinceladas, manchones de pintura, toques de espátulas, dedos que embarran, superficies pulidas o arañadas, pero lo cierto es que cada uno de estos ejemplos transpira la localidad y los sueños de cada habitante. Además de que tienen la impronta de sus creadores, principales catalizadores de estas identidades que conforman la única identidad que acaso importa, la cubana.

Pero está, además, el más cubano de nuestros temas: José Martí, el Apóstol. Nos encontramos, entonces, ante la más variada iconografía martiana que va desde la repetición gráfica, hasta lo genuino. Una cabalgadura de rostros que nos transmite el calor de los campos mambises, el fervor del pensamiento martiano, así como, indistintamente, la personalidad de cada artista. No olvidemos que el arte, el auténtico, es un espejo donde colocamos eso que somos nos duela o no.

En este sentido, hay ejemplos de interpretaciones que brillan en su complejidad y belleza. Resaltan Leonides Lazo y Nelson López González.

Son trabajadas desde la pintura. Así vemos pinceladas minúsculas a golpe de pincel o de espátula, con esponjas, y otros instrumentos que dejan una huella manifiesta sobre la superficie que puede ser lienzo o cartón. Todos con un nivel de calidad envidiable. Y claro, para que haya homenaje, tiene que haber homenajeado. En este caso pondría yo no solamente la figura de nuestro Apóstol. Le agregaría, a mi manera, todo aquello que está gravitando alrededor de la muestra y que de alguna forma son mis propios símbolos, y son los tuyos.

En este punto podría empezar a enumerar, veo: el amor por la cotidianidad, el gusto por salvaguardar el patrimonio familiar; la riqueza cultural de una localidad y nación; ganas de hacer micros espacios para habitar lo macro; lugares comunes que tienen la particularidad de la rutina; olores residuales de toda actividad humana; dolor; alegría y miedos. Veo, también, regusto por el arte pictórico que va desde el arte más conceptual y modernista (pienso en Leonides Lazo, Pedro Quiñones) hasta el más experimental y juvenil como el de José Ángel Naranjo Pérez. Este último, presente en dos muestras bien dialécticas de paisajes que van desde una experimentación con betún sobre lienzo, rica en matices, en contrastes; a una “a lo clásico” óleo sobre lienzo, que muy poco nos tiene que contar.

Dicho de esa forma, «muy poco nos tiene que contar», podría pensarse que mi opinión es contraria, deprimente. Nada más alejado de la realidad. Pero ocurre que ante la visualidad más gráfica, artesanal, desbordante en «colores y tonalidad» sugeridas desde la penumbra de un betún, se contrasta lo usual de un colorido paisaje al óleo que, salvo las huellas de la espátula y algún que otro rezago escénico de luces y oquedades, se queda por debajo, a mi juicio, en sentido artístico, e interesante en el sentido motivacional-emocional del otro ejemplo.

Dos caras de un mismo arte. Un mismo artista con dos caras, cual moneda, así debe ser, claro está. No aplaudo esta conjugación de caras, pero tampoco lo destruyo. Solo opino, digo lo que siento. Podré estar muy lejos de la verdad, esa que nos regala el sentido común del arte y que me prepara para leer una obra sea cual sea su campo de creación.

Podría seguir opinando sobre el resto de las obras y muchas hay que tienen tela por donde cortar, pero no es el punto ni el deseo. Aplaudo, agradezco, me satisface ver muestras como estas en mi ciudad de los portales y soy un ente que valora lo bueno entre lo malo, y no subestima lo malo de lo bueno.

Entre las sombras es más visible el rayo de luz, y cuando hay rayos de luz entre las sombras siempre hay esperanzas.

En esta exposición hay de todo. Por eso tan rica en maneras de ver el arte, de vivirlo, de hacerlo. Y hasta nos podemos hacer una idea de lo que podría venir en un futuro, con una segunda muestra de este arte que también es útil porque congrega personas a su alrededor y porque recoge, cual fotografía, instantáneas de nuestra cotidianidad.

El artista busca, y en muchos casos consigue, atrapar lo cotidiano. Lo impregna de su vivencia que no es más que aquella parte de la realidad que tiene otro significado porque es el reflejo de su subjetividad. Por ello se vuelve rica, me atrevo a decir, mucho más rica que la propia realidad. No interesa que sea en miniaturas o sobre gigantografías. Importa que la realidad supera toda barrera idiomática, celestial y hasta humana.

 

 

Un pensamiento en “UNA EXPOSICIÓN EN MINIATURA A LO GRANDE

  1. Bárbaro Toranzo

    Gracias por este excelente articulo, donde se reconoce el trabajo de la galería en cuanto a la curaduría y museografía. Profundiza en determinados detalles de una manera respetuosa al referirse a la obra expuesta. Exhorta a continuar mejorando la oferta expositiva de estos espacios.

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