EL SOLDADO DE LA PLUMA, UNA REFLEXIÓN

EL SOLDADO DE LA PLUMA, UNA REFLEXIÓN

Por: Leidy Vidal García

El amor a Cuba, la necesidad de luchar por su libertad, llevó a muchos buenos hombres cubanos a la manigua, a pelear con las armas en la mano, a ofrendarle su sangre y su carne, su tranquilidad y su estabilidad económica. También lo hizo, en su momento, Manuel Sanguily.

Al acabar la guerra grande, él y su hermano Julio (sí, el mismo Julio Sanguily al que Ignacio Agramonte rescatara con sólo 12 hombres bajo su mando, y contando “con la vergüenza de los cubanos”) deben irse a Estados Unidos. Allí conoce Don Manuel a José Martí, quien convino con él en que era el momento de crear una revista literaria en la isla que, a la vez que una guía cultural para el pueblo cubano, tan necesitado de ello, fuera también un faro político. Así surgió la idea de fundar Hojas literarias, que el propio Manuel Sanguily redactaba y editaba. De ese modo, además de un soldado mambí en el campo de batalla, se convirtió, en tiempos de entreguerra, en un “soldado de la pluma”. Es en ese “soldado de la pluma”, en quien Isela García Torres pone su mirada aguda de investigadora.

El texto que nos ocupa explora de manera concienzuda el quehacer ensayístico de Manuel Sanguily que puede extraerse de la revista antes mencionada, sin obviar los defectos y las injusticias en las que, a veces, incurría su crítica. Su pensamiento ágil y veraz también queda bajo la lupa de la autora.

En un primer momento, Isela nos hace una introducción a los ensayistas latinoamericanos más importantes del momento, sus estilos, temas y opiniones, para, en un segundo capítulo, entrar de lleno en el estudio del “soldado de la pluma” a través de Hojas literarias.

Esta investigación es, pues, una que muestra un camino poco transitado en nuestra historiografía cultural, un derrotero a seguir en la búsqueda de nuevas aristas investigativas en cuanto a nuestra historia colonial y neocolonial. Nos enseña, en fin, una lección: los que hicieron nuestra historia, no sólo fueron grandes por sus hechos heroicos, también, muchos, lo fueron por la fuerza de su pensamiento y su creación.

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