COMITÉ PROVINCIAL DE LA UNEAC

ARMANDO HART, DEFENSOR DE LA IDENTIDAD CULTURAL CUBANA

Por: Pedro Pérez Rivero

Palabras de presentación de la obra de Armando Hart Dávalos, en Feria del Libro de Ciego de Ávila, marzo de 2017 

Dedicar la vigésima sexta edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, que ahora recorre el país, constituye un acierto extraordinario; no solo por rendir muy merecido homenaje, sino además para poner a disposición de los lectores la obra de alguien, reconocido como preclaro ministro de Educación y Cultura, pero tal vez no valorado lo suficiente en su estatura intelectual. Y no solo aludo a la necesidad de incorporar la obra de Hart a nuestro acervo o al disfrute de su prosa ensayística y de sus crónicas. Justo es también situar al autor entre los imprescindibles para el conocimiento de los procesos de la identidad cultural cubana.  

Pero antes del intento de caracterizar un conjunto de textos en torno a la cultura artística y sociocultural, me resulta ineludible dimensionar la presencia de Hart como pensador, pues solo sobre esa base es posible aquilatar la difícil tarea de inaugurar una nueva etapa de la política cultural de la Revolución cubana, la cual, en esencia, llega a nuestros días; así lo ha reconocido, en no pocas intervenciones, su sucesor, Abel Prieto.

En la praxis suele olvidarse la base teórica que acompaña a determinadas acciones, que en el caso de Hart ministro van desde establecer la notoria diferencia entre promotor y funcionario hasta la valía de un concepto antropológico de la cultura, que no solo privilegie a lo artístico. Ser deudor de estas reflexiones en varias áreas de trabajo durante más de dos décadas, me permite hasta hoy contar con las premisas, indispensables para varias generaciones, cuando se desea  acometer con eficiencia la labor cultural, incluida la formación integral más allá de lo meramente instructivo.

No puede soslayarse al respecto cómo Hart, en los años sesenta, restituye la relación coherente entre la vanguardia artística y política, que había caracterizado los procesos de emancipación desde la lucha antimachadista y contra la dictadura de Batista. La rectificación de errores en este sentido, gracias a una profundización ideológica, sin precedentes, intervino en la creación del Ministerio de Cultura; es deudora, en gran medida, de la presencia de Armando Hart, durante dos décadas de ininterrumpida labor.

Pasando ya a las aproximaciones a la obra de Hart, que persigue esta intervención, no vacilaría en destacar su interacción con el legado filosófico que generó y fructificó la autoconciencia de cubanía, mediante sus estudios sobre pensamiento cubano, desde Agustín Caballero y Varela a Martí y Maceo, sin olvido de José de la Luz y Caballero, Saco, Máximo Gómez…

Interpretaciones, como las suyas, del ensayo Nuestra América constituyen hasta hoy una estupenda muestra de agudeza a favor de los educandos de todos los niveles de enseñanza. Tan constante análisis de la obra martiana le ha permitido al doctor Hart presidir importantes instituciones: el Programa de Estudios Martianos y la Sociedad Cultural José Martí.

Afianza el tesón en la búsqueda de las esencias primigenias de lo cubano, su amplio conocimiento de la historia y la filosofía universal, temas a los que también dedica no pocas páginas de pródiga reflexión. Base sólida para encarar el presente y otear el futuro, en contenidos de amplia significación desde finales del siglo XX, con un estudio crítico del estadio ideológico autodenominado posmoderno, el fin de la historia y los retos éticos y políticos del siglo XXI.

Con una delicadeza que manifiesta el orgullo y el goce espiritual que ello le proporciona, se interna en los predios de la cultura artística para elaborar crónicas en torno al quehacer de notorios exponentes de distintas manifestaciones de la literatura, la música, la visualidad… En este sentido cabe destacar una obra compartida por él con la doctora Eloísa Carreras Varona, publicada por la Editorial Abril en 2014, bajo el título de Por esto, que en dos volúmenes, además presenta un buen número de semblanzas de nuestros próceres de las luchas independentistas contra el colonialismo español, así como de no pocas figuras claves de la filosofía universal.

Poner sus disertaciones y textos al alcance de niños y adolescentes enfatiza un sostén esencial de su obra, el cual le permite no aislar competencias para una formación integral; de ahí que teniendo en cuenta la instrumentación de la Campaña de Alfabetización (1961), de la que fuera unos de sus artífices protagónicos, explicite un criterio rector: la educación y la cultura como un todo para trascender el acto de instruir o el la delectación estética, lo cual implica entender la cultura como expresión de la conciencia colectiva. Premisa que lo insta a delinear el papel de las diez instituciones básicas de la labor cultural, a nivel municipal, instituido bajo su dirección ministerial a principio de los años ochenta del pasado siglo, aunque sin menoscabo de las que conforman el sistema educativo; de ahí que declare a la escuela primaria como la institución cultural por excelencia.

Permítaseme, ya en el tramo final de mis notas para esta intervención, detenerme en la impronta he emplee ex profeso para titularla, pues considero que sería más que suficiente para marcar la estatura intelectual de Armando Hart Dávalos.

Aspecto esencial en la concepción de Hart, en cuanto a la dimensión cultural en la relación cultura-desarrollo, es la importancia que le concede a la riqueza espiritual como garante de la identidad nacional, ante las interpretaciones del materialismo vulgar y del consumismo indiscriminado que hoy constituyen una creciente “amenaza de que todas las contradicciones sociales, políticas, económicas y culturales se agudicen y multipliquen, hasta conducir al fin de la historia, que no sería otro que el último capítulo de la vida humana sobre la Tierra”[1].

El reconocimiento de los procesos culturales raigales y su fortaleza para enfrentar espejismos civilizatorios, los cantos de sirena de la publicidad y otros propulsores de banalidades que lastran la capacidad creativa del ser humano del nuevo milenio, lo conducen a afirmar que:

Una forma de aquilatar la pujanza de una cultura está en que, a partir de su identidad y del respeto irrestricto a sus valores más sustanciales muestre capacidad de autorreflexión, de defender su proyección social y de insertarse en los procesos de transformación económica y espiritual a favor de sus más caros ideales[2].

He aquí, sucintamente, la proyección intelectual de un hombre que considera  haber  hablado y escrito solo con la única voluntad de defender su patria[3].

Muchas gracias.

Pedro Pérez Rivero

 

[1] Hart Dávalos, Armando (1996): Hacia una dimensión cultural del desarrollo, Ediciones CREART, La Habana, p. 9.

[2] Hart Dávalos  (1996):  Obra citada, p. 103

[3] En entrevista publicada  El Cañonazo, órgano promotor de la Feria Internacional del Libro de La Habana, en el primer número correspondiente a la edición de 2017.

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