COMITÉ PROVINCIAL DE LA UNEAC

GENTES DE SAN APAPUCIO

Por: Armando Andrés López Rondón

 

Presentar un libro de Nelson Gudín Benítez, si, de Nelson Gudín Benítez, repito su nombre y apellidos con toda intención, y lo citaré en algunas ocasiones más, es para mí un doble compromiso y un reto a la vez. Compromiso por supuesto con la Editorial Ávila, que tuvo a bien, proponerme este momento, este espacio que se abre para la fiesta mayor de las letras en Cuba y tenemos la suerte de que ahora este en nuestro territorio. Y un reto porque no acostumbro, a hacer este tipo de presentación de otra forma que no sea la décima, esa suerte de amiga salvadora que me acompaña desde que fui niño y que aún casi en plena senectud, sigue prendida de mi brazo izquierdo, para estar más cerca del corazón.

Nelson Gudín Benítez es un guajirito de la provincia de Granma, que se contaminó con un virus capital, o sea enfermedad que tiene su reservorio principal en la cuidad de la Habana, es un virus que quien lo contrae “non vira más para su lugar de origen, menos si es de la parte más oriental del país”. 

Nelson Gudín Benítez, excelente actor, poeta, (me consta que es repentista), narrador y guionista del Instituto Cubano de Radio y Televisión, es miembro de la UNEAC, escritor  multipremiado en diferentes concursos, en diversos géneros  (todos dentro del país, los concursos, no los géneros), y editado por múltiples editoriales, (también dentro del país), será porque quizá  su discurso narrativo es  solo entendible y digerible en el ámbito nacional. Escribe poesía para niños y adultos, novelas, cuentos, como es el caso del libro que les presento hoy.

Este hombre hecho a la medida del cubano común, venido de ya se sabe dónde y radicado se sabe también, fue condecorado por el Consejo de Estado de la República de Cuba en el año 2006 con la Orden Por la Cultura Nacional, este hombre es “El Bacán de la Vida”, o Flor de Anís”, o vaya usted a saber cuántas personalidades más, nos puede mostrar a través de su depurada manera de hacernos reír, desde su expresión corporal, o  con solo movilizar en función de un propósito sus músculos faciales.

En “Gentes de San Apapucio” podrán encontrar una óptica, un prisma por donde el artista se cuela de manera audaz y elegante para hacernos ver entre líneas problemáticas de la sociedad en la que vivimos, amamos y defendemos. Lo hace de manera divertida, segura y utilizando de mano rasgadora la risa. Así pone al descubierto actitudes y concepciones lacerantes que permanecen y aún debemos eliminar del todo. Considero que aquí está una de las aristas más provechosas de este libro, por cuanto, los que se verán reflejados se darán cuenta que el cambio viene, porque “Hay que cambiar todo lo que deba ser cambiado”. Entonces es una especie de presagio, de anuncio, de primicia, asumido desde la letra con punta del «Bacán» que urge o conmina a  los protagonistas de sus cuentos a que se “pongan las pilas” para que al final “San Apapucio”, sea el sitio que todos necesitamos y queremos.

 

 

 

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