A LA PUERTA LOS XXII JUEGOS FLORALES AVILEÑOS

Por: Vasily M. P.

 

Más allá de la información de este XXII Juegos Florales a celebrarse del 25 al 28 de mayo de 2017 en la ciudad de los portales, evento que realiza con suma seriedad  la AHS en la provincia, prefiero hablar ahora mismo, sobre sus dos caras más vistosas: el afiche y su spot televisivo.

En primer lugar, quiero dejar bien claro que soy amante de la libertad de creación, que amo el buen gusto y, como diseñador que soy, me considero enemigo profundo de diseñar en función de un gusto estético y, mucho más, de criticar una obra de arte a partir de ese único argumento.

Considero, por lo tanto, que la imagen que se nos ofrece desde el afiche del evento, aparte de muy gráfica y de buen gusto, da con el asunto que quiere vender, la poesía.

Es una sombrilla bocabajo, cual anticristo, flotando en un gran charco de agua. En su regazo, lleva espigas, botones de rosas a punto de brotar, de abrir sus petalos al sol, si es que hay sol.

Sabemos que la poesía puede ser delicada, sutil; es como el reino del hombre en que su alma anda libre y soberana. Es como jugar a dar de nosotros todo el conocimiento, pero darlo con símbolos, imágenes, recursos inteligentes. Por eso, en este afiche y spot, son rosas, rosas que, también, representan al Hombre.

Pero son botones, retoños a punto de abrir. Por lo que habría que pensar, si se quiere, que podrían ser los pinos nuevos de la poesía. O la nueva poesía. Y muchas cosas más, porque en el arte todo es semántica, y todo, o casi todo, es polisémico.

También intención. No hay mensaje en el arte que no esté procurado para conseguir algo. A veces es una sutileza, una fruslería. A veces es algo bien importante: un llamado de alerta, una alarma, un aviso, la voz de mando para la confrontación, la guerra avisada. Y en este afiche, en este spot, me parece que están estas cosas. Y mucho más.

No me atrevo a pensar que cada elemento empleado, cada símbolo arrojado al universo del audiovisual y de la gráfica son fortuitos o se deben solamente al gusto estético de sus realizador. No imagino, tampoco, que sea uno solo el cerebro de quien lo ideó porque pareciera que cada cosa está justo en su lugar y provocando la misma emoción en quien lo observa.

Necesité menos tiempo del habitual para descodificar cada objeto de estos que aquí se presentan. Y mucho menos, para tratar de hallar la lectura que parece transmitirse. Quiero hacer énfasis en el spot porque es el que más elementos me aporta para defender mi punto de vista.

No olvido que estoy dado a la crítica de arte y mucho más, desde la propia psicología del arte. Sé que el público tal vez no vea ni la mitad de las cosas que yo estoy viendo en estas obras, y que mi alarma, quizás, solo es personal o falsa alarma. El ejercicio de la crítica es siempre un buen ejercicio.

Primero habría que pensar en lo que legitima como «verdadero» cualquier producto promocional. Y estoy pensando en los logos identificativos  de cada institución, empresa, entidad, que patrocina el evento que se promueve y que han de estar en algún espacio dentro de la propuesta audiovisual. Si no están, es como si esa promoción no fuera seria, no fuera «legal». A veces ocurre que se utiliza algún logo, pero no es el actualizado, el real, y se convierte entonces en un falso logo, que transforma en «falso», ese spot.

Este es el caso. El logotipo de la Asociación Hermanos Saíz, institución que organiza el evento, no aparece por ninguna parte, y, en su lugar, un «falso» logo cierra los segundos finales de este spot. Asunto que ya me resulta lastimero y fastidioso, porque quiero estos Juegos Florales como si fueran míos y que alguna vez ayudé a organizar.

La A.H.S merece más respeto. Si el realizador no tiene en su momento el logo, debiera parar su influjo creativo y exigir que se le haga llegar el verdadero, actualizado y en rigor. Cualquier decisión arbitraria daría al traste con la función verdadera de esta organización que reúne a la vanguardia artística y joven de todo el país.

Además de que estamos hablando de «imagen» que es igual a decir, identidad personalidad. Una distinción dentro de la multitud.

La música aquí empleada pudiera parecer romántica por su candencia y belleza sonora, pero elaborada como un adagio, en tonos menores y con una armonía que pareciera no resolver el pasaje melódico, se me antoja pesimista, melancólica. Casi me recuerda los acordes finales de un Schönberg.

Me resulta un final infeliz de un drama catastrófico. El desenlace de un naufragio, ¿el Titanic? Pero, sobre todo, no me suena cubano.

En música, el color que se da a través de las distintas sonoridades también puede dar una locación, un país, una ciudad, la gente de un pueblo y hasta la familia  a la que se pertenece. En este sentido, esta música para nada es cubana. Tiene olor a ambiente parisiense, carga sobre sí, la melancolía de una ciudad en ruinas, de una Grecia devastada por  los males del tiempo que le tocó vivir. Y en ese sentido, no nos identifica. No es avileña la ciudad en donde se va a desarrollar ese evento de poesía, esa fiesta de la poesía joven.

Es mi lectura, diáfana y ágil. Son las primeras descodificaciones que me vienen  a la cabeza a través del alma y de la razón. Ahora las analizo, las valoro, las entiendo y trato de comprender. Ahora es que armo, de alguna forma, mi spot. Porque así lo entienden las escuelas europeas de psicología, «el reflejo subjetivo de una realidad objetiva».

Sumémosle a estos dos elementos, un falso logos y una música europea y pesimista, la imagen del charco de agua (no sabremos nunca de qué se trata), los retoños, la sombrilla bocabajo cual anticristo. Y tendremos un cuadro catastrófico no solo del evento que se promueve en sí, sino, también, de la realidad juvenil, poética, de Cuba. Y con más exactitud, de la ciudad de los portales, mi ciudad.

Una ciudad que padece la más terrible sequía y que busca alternativas porque el mal no llegue al mar y no termine peligrando la vida humana. Cualquier recuerdo de agua, ante los ojos de un sediento, es tortura.

Decía, unas líneas más arriba, que los retoños sobre la sombrillas podrían significar la juventud poética de estos tiempos. Nacieron a la deriva, o van a la deriva, ¿quién puede asegurarlo? ¿Salen de un país o van hacia otro? La poesía joven avileña, ¿está en crisis? O peor aún, ¿la poesía avileña perdió en calidad, en cantidad, en poetas? ¿Es esta nuestra realidad?

Estas son algunas de las preguntas que me saltan de solo analizar, superficialmente, este spot. Sé que puedo levantar ronchas. Sé que puedo estar muy equivocado. De alguna forma, me salva mi desempeño como diseñador, mi capacidad de análisis como escritor, y al poder de escudriñar al ser humano desde la psicología, para seguir analizando y escribiendo sobre obras de arte como esta.

Considero que nuestra sociedad actual necesita más del análisis, de la posibilidad de criticar y sostener diálogos certeros y productivos. Creo en el poder de la imagen y en el poder de la sugestión. Por lo mismo, opino que en este spot, lejos de dar una imagen positiva del trabajo de la AHS en la ciudad de los portales en favor de la literatura y la poesía, se desata un mensaje catastrófico que no le hace bien a nadie.

Podría estar equivocado y no dejo de reconocerlo, pero tampoco desestimo los análisis que aquí hago atento a la semántica, a lo polisémico del arte. Todo en él tiene un sentido, un «por qué». Así mismo, todo en la promoción tiene un «por qué» y un «para qué».

El que se crea que un spot está hecho sin conocimiento de causa y efectos, el que se imagine que los spot tienen solo un sentido ornamental y estético, estarán, sin dudas, en un error. Habría que preguntarle a los sesudos del marketing, de las grandes empresas.

Escribo estas líneas en consonancia total con las prioridades de nuestra Política Cultural y que estima la creación artística y la labor del artista. Valoro la libertad creativa que debemos asumir bajo cualquier costo, como valoro también, el papel y la imagen de las instituciones que nos valoran, a su vez, y de alguna forma, nos representan.

 

 

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