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NOCHE SONORA Y DE LA BUENA

Por Vasily M. P.
 
Los jardines de la UNEAC avileña renacen cada sábado por la noche. Este 17 de febrero de 2018 no es la excepción. No es solo la juventud que reverdece en sus asientos y entre las plantas. No es solo la hermosa luminosidad que cuelga de las botellas recicladas y manipuladas. Es la música que brota de metales y percusión, bajo y cencerro. Es MÚSICA ABIERTA que borra todos los contornos del aburrimiento y carga la noche de una electricidad tan necesaria como mágica. Juan Carlos Corcho Vergara, ese maestro director de orquesta ya ha tomado este espacio como algo personal. Disfruta cada noche cuando, a pesar de su timidez con el público, anuncia los temas a tocar y hasta saluda a uno y otro amigo dentro del público. Su voz pareciera no querer salir. Pero cuando da paso a los arreglos que a veces él mismo hace, su figura se crece y sobran, entonces, las palabras. Y es mágico el momento, porque los jóvenes que estuvieran en discotecas y otros lugares, están ahí, con los ojos y las bocas bien abiertas. Algunos nunca antes frente a una banda como esta. Otros, se quedan super motivados y quieren, ya, que su familia y otros amigos sean también testigos de esta manera espectacular de tocar la música cubana y universal. Pareciera que nunca antes tocar música, danzón, bolero, mambo, country, etc., fuera tan divertido. Como tan genial escucharlo, sentirlo, vivirlo. La atracción sacude los espacios. Por todas partes se oyen ovaciones. Hay que estar aquí para sentir las vibraciones en el ambiente. Es la música, como la definió Martí, el Hombre escapado de sí mismo. Y esta que agita Juan Carlos Corcho, recorre uno a uno los espacios del jardín, embruja, encanta, soporta todo el bullicio de una noche avileña y respeta a la cultura y a la sociedad.

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