DE DIBUJO Y DE RISA
Por: Vasily M.P.
Fui a la galería Raúl Martínez de la ciudad de los portales a ver la expo colectiva de Michel Moro y Osval porque soy amante de la gráfica, hijo del humor y una especie de personaje de las caricaturas.
Entré con cierto dominio del mundo poético de estos dibujantes, llevo tiempo degustando sus obras, pero con amplias expectativas. Una exposición de humor gráfico, en una galería de artes plásticas, debía significar todo un suceso artístico en donde se dan la mano formas y contenidos.
Claro, sí la dignifican dos artistas que acaban de formar parte de la UNEAC y que han sido premiados en varias oportunidades y certámenes diversos. Su calidad es indiscutible.
Esta podría ser mi primera observación. Si la caricatura, la viñeta humorística, se acercan más a los medios de comunicación impresos o digitales, y de pronto se pueden exponer en un espacio especializado, ¿por qué no convertir ese suceso en algo grandilocuente? No basta solo con exponer impresiones, ¿no valdría la pena también, hacer gala de otras técnicas propias de la plástica?
Reconozco que alguna intención habrá para que esto sea de la forma en se hizo. No soy quien para cuestionarlo, pero dar criterios en función de mi artículo sobre esta exposición significa que estoy dando «mi» opinión. Y quiero construir con ella, primero, un ambiente cultural; luego, a un lector que sea capaz de pensar distinto a mí y que vea otras cosas en la obra reseñada, que yo no fui capaz de ver.
Así aprendo. Así consigo ser más humano. La intención del arte será lograda cuanto más nos acerque al lado humano.
Le sumo a esto la ausencia de pies de obras en la muestra. ¿Es que no tienen un contenido? Pareciera que la propia exposición no tuviese un sentido, cuando visiblemente está ahí, lo construyen los temas tratados, la gráfica como técnica, la visión personal y a veces disidente de un mismo asunto, las parodias y las metáforas como recursos estilísticos.
Todo o casi todo apunta que hay una intención con esta unión de dos formas distintas de hacer humor gráfico, ¿por qué entonces no colocarle un título y con ello llamar la atención a esa parte de nuestros procesos psicológicos como lo es la cognición?
Aplaudo que en nuestra provincia se haga humor gráfico, y del bueno; aplaudo que se hagan exposiciones en las galerías que son para eso; aplaudo el intento formal, informal e institucional de conseguir una curaduría y que esta resulte interesante y sea acogida por el público.
Los tiempos corren, las carencias van a la par, no se quedan en el borde del camino esperando otro aventón. Es difícil construir cuando se tiene bien poco. Aunque no es menos cierto que cuando hay creatividad no hay escasez.
Además, me sumo a aquella parte de la población que sabe reconocer a sus artistas, a sus caricaturistas y son capaces de reírse donde tal vez vaya una lágrima. Nuestro humor, el avileño, aunque escaso en materia de grafismos, es nuestro.
Repito, «entré con cierto dominio del mundo poético de estos dibujantes, pero con amplias expectativas» y esto es la clave de la crítica que pretendo escribir entre esténtores del calor, ruido de amaneceres, y una sequía me va llenando todos los aleros.
En primer lugar, los dominios de la técnica del dibujo son de sobrada exquisitez tanto en Osval como en Michel. Representan, cada uno por separado, escuelas distintas, pero no contrarias. Michel reverencia lo actual, lo contemporáneo sin querer a toda costa ser contemporáneo que ya para mí es aplaudible. Osval es un poco más clásico, de técnica más depurada, a la vieja escuela, más de como yo veía el mundo cuando era un niño.
Juntos no desentonan. Se implementan. Dos generaciones dialogando sobre temas universales. Dos formas plásticas bien distintas que buscan la polémica y el goce de la amistad. Pienso que, tal vez, se pudo ganar más en dialéctica si se hubiera colocado ambos autores en un solo marco y se hubieran repartido por todo el espacio.
Digo dos en un marco, pero sin que fuese obligatorio que los dibujos tocaran el mismo tema. Hubiese sido más sustancioso, más polémico, más rico en interpretaciones. Incluso hubiera ayudado a la dinámica de la misma exposición.
Lástima que, y repito: «los tiempos corren, las carencias van a la par, no se quedan en el borde del camino esperando otro aventón». Ese tipo de frase puede frenar la imaginación y la creatividad. Otras variantes, desde los propios autores corrigen cualquier ausencia.
Aquí tal vez hubiera ayudado la numerología. Es decir, son 14 obras de Michel Moro de este lado de la galería, hacia la entrada. 14 de Osval después de la pared que nos separa de la puerta trasera. Dos números pares que son «lunares, femeninos y magnéticos». El número par está en la razón del equilibrio. Y en todas partes. Dos números pares suman uno par; uno impar más uno par suman uno par, dos números impares suman uno par. Es una constante.
Como mismo es una constante el amor, la política, la patria y la maldita circunstancia del agua por todas partes. Estas que sí están presentes en esta muestra de alto dominio de la línea y de las formas.
No estoy dando coordenadas, solo digo que un poco más elaborada desde el nivel autoral, la expo, como curaduría, hubiese ganado en solución, en soltura, en vertiginosidad.
Pero la exposición no pierde en frescura una vez que desatiende el formalismo de «pensar» y nos convoca a «pensar» y que, considero, es la mejor forma de hacernos «pensar». Lo que significa que no todo en el arte tiene que estar exquisitamente planificado para que salga bien.
En esta unión de grafismos, que los avileños podemos presenciar en la galería Raúl Martínez, están latentes la risa y la tristeza. Dos emociones universales que entienden al hombre, y al cubano, como un ser que vive riendo sus desdichas y llorando sus venturas, sin que sea contradictorio. Es que vivir es eso, es ir dialécticamente contra la corriente. Es estar en el punto exacto del momento equivocado. Es darse cuenta de los errores y decirlos aunque esos errores nos laceren después.
Así lo vivo en los dibujos de Michel Moro y de Osval. Y le agradezco que hayan pensado con urgencia en llevar sus trabajos a una galería. A lo mejor ni siquiera han considerado en la posibilidad que le brindan a mucha gente de poder apreciar con algo de calma, ese talento que tienen para el dibujo y para hacer reír.
De dibujo y de risa se compone esta muestra que tiene también de lujo y que encanta. Son autores contemporáneos, y están vivos. Piensan y razonan el mundo nuestro.
Es noble en intención: una mirada humana al mundo. Pero podría haber sido más localista: una mirada a nuestro mundo inmediato. No le resta la universalidad. Así es el humor también, universal y humano.
Gracias a Osval y a Michel Moro; gracias a aquellos que hicieron posible ante el barullo de unos vidrios contra el piso, una exposición de humor gráfico que cura a esa alma que alguna vez estuvo sola de cara al universo.
Ojalá haya una segunda parte de esta muestra, donde nos veamos todos los avileños, con risas y quejas, desnudos a la sombra del más tremebundo de los portales.
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Gracias Vasily por tu comentario, coincido totalmente contigo.